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La Fundación


La Fundación Lothar Hermann nace de una convicción profunda y humana, las familias no solo transmiten apellidos, sino también memorias, silencios, pérdidas, migraciones y resiliencias que, entrelazadas, construyen la identidad de las personas y de las sociedades. En cada historia familiar habita una parte de la historia colectiva, muchas veces marcada por hechos traumáticos como la guerra, el Holocausto y la inmigración forzada, procesos de desarraigo que obligaron a generaciones enteras a reconstruirse lejos de su lugar de origen, a menudo sin poder nombrar lo vivido.

El silencio fue, para muchos, una forma de supervivencia. Pero también dejó huellas que se trasladaron de generación en generación. La Fundación trabaja para romper esos silencios desde un lugar respetuoso y empático, no para revivir el dolor, sino para resignificarlo. Comprender de dónde venimos fortalece los vínculos familiares, reconstruye la identidad y permite una conexión más consciente con la historia común. Cada familia guarda una historia única; cuando esa historia se cuenta, deja de estar sola y pasa a formar parte de un relato compartido.




Este compromiso con la memoria encuentra su raíz en la figura de Lothar Hermann, sobreviviente del campo de concentración de Dachau. A pesar de haber perdido la vista como consecuencia de los brutales maltratos nazis y de haber debido exiliarse en Argentina, tuvo la valentía de enfrentar un contexto hostil y adverso para quienes buscaban justicia. Desde allí, descubrió, denunció y persiguió incansablemente a Adolf Eichmann, uno de los principales responsables del Holocausto, demostrando que la verdad y la justicia pueden sostenerse incluso desde la mayor vulnerabilidad.
La Fundación está encabezada por Liliana Hermann, sobrina nieta de Lothar, quien emprendió un profundo camino de reconstrucción de una historia familiar que le era desconocida. En ese recorrido descubrió a su tío abuelo y decidió dedicar gran parte de su vida a preservar, investigar y difundir su legado, llevándolo al plano internacional. Reconocida como historiadora e investigadora en el ámbito social, Liliana trabaja incansablemente para que esta historia sea conocida, comprendida y valorada por las generaciones presentes y futuras.
Poner en valor la memoria familiar no es quedarse anclado en el pasado, sino ofrecer a las nuevas generaciones herramientas para entender quiénes son, por qué sus familias llegaron hasta aquí y cómo esos recorridos influyen en el presente. La memoria, cuando se comparte, se transforma en un puente: entre generaciones, entre culturas, entre comunidades.

Nuestro Equipo

El equipo de la Fundación Lothar Hermann está conformado por personas comprometidas con la memoria, la verdad y la educación. Nos une una profunda convicción, la historia no debe olvidarse, y las raíces familiares, aun marcadas por silencios y exilios, merecen ser reconstruidas con dignidad y empatía.
Trabajamos con responsabilidad y sensibilidad para visibilizar los daños colaterales que dejaron la Segunda Guerra Mundial y la inmigración forzada, y para transformar ese legado en herramientas de reflexión y aprendizaje para las nuevas generaciones.
Cada integrante aporta su experiencia desde distintas disciplinas, pero con una misma misión: contribuir a una sociedad más justa, consciente y humana, donde el pasado se transforme en una guía para construir un presente más empático y un futuro más comprometido con la memoria colectiva.



Quien fue Lothar Hermann?

Lothar Hermann fue un sobreviviente, un luchador silencioso y un símbolo de justicia. Nacido en Alemania, fue testigo directo del ascenso del nazismo y de sus horrores más profundos. Por su origen judío, fue arrestado por la Gestapo y encarcelado en el campo de concentración de Dachau, donde fue brutalmente golpeado, lo que le provocó la pérdida casi total de la visión.
En su intento por sobrevivir, Lothar logró escapar de Europa en el buque vapor Alsina, arribando a Montevideo, Uruguay. Allí vivió por dos años antes de trasladarse a Rosario, Santa Fe, en Argentina, donde en 1941 nació su única hija, Silvia.
Durante tiempos de la segunda guerra mundial, Lothar sufrió la pérdida más dolorosa imaginable, gran parte de su familia fue asesinada en los campos de exterminio nazis. Solo cuatro de sus hermanos lograron sobrevivir. Sus padres, otros hermanos y sobrinos fueron deportados y exterminados. Esa tragedia personal marcó para siempre su vida, y sembró en él un compromiso indeleble con la memoria y la justicia.
 
En 1943 la familia se mudó a Olivos, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Fue allí, a comienzos de 1954, donde Silvia conoció casualmente a los hijos de Adolf Eichmann durante un ciclo de cine alemán en el Cine York. Lothar, al enterarse del apellido, recordó al alto funcionario nazi que había orquestado la logística de la "Solución Final". Supo de inmediato que se trataba del mismo hombre. Eichmann vivía en la zona con su verdadera identidad, y sus hijos estaban incluso inscriptos en la escuela local como "Eichmann".
Alarmado, y consciente de los peligros y su vulnerabilidad, Lothar denuncio a Adolf Eichmann y al ver que no hacían nada contra el criminal nazi, decidió mudarse a Coronel Suárez a fines de 1954, en busca de un entorno más seguro. En 1957, escribió al fiscal alemán Fritz Bauer quien había emitido una orden de detención contra Eichmann, aportando datos concretos sobre su paradero en Argentina. Bauer, comprometido con la causa, trasladó la información a una figura cercana al gobierno israelí en Colonia, pero no se obtuvo respuesta.
Sabiendo que su vida corría peligro y que los círculos nazis en Argentina descubrirían que él había sido el denunciante, en octubre de 1958 tomó una decisión desgarradora, envió a su hija Silvia a los Estados Unidos para protegerla. Nunca más volvería a verla.
En 1959, al enterarse de una publicación del cazador de nazis Tuviah Friedman que ofrecía recompensa por datos certeros sobre Eichmann, Lothar volvió a actuar. Envío nuevamente toda la información que poseía. Su denuncia fue una de las piezas clave que permitió al Mossad planificar la captura del criminal nazi en mayo de 1960, dando lugar al histórico juicio en Jerusalén que permitió a los sobrevivientes del Holocausto contar al mundo su verdad.
Lothar nunca recibió el reconocimiento que merecía en vida. Fue silenciado, ignorado, e incluso perseguido. Su lucha lo dejó vulnerable, pero nunca se desvió de su objetivo, la justicia. No buscó venganza, sino verdad. No actuó por odio, sino por memoria.
Hoy, su legado revive en la Fundación que lleva su nombre. Una institución que trabaja para que las nuevas generaciones conozcan su historia, valoren la memoria, se conecten con sus raíces, y promuevan la empatía como herramienta para construir un mundo más justo y humano.








Liliana Hermann


EN ESTE MOMENTO DE LA HUMANIDAD

En un tiempo en el que la historia corre el riesgo de diluirse entre el olvido y la indiferencia, somos los descendientes quienes debemos asumir la responsabilidad de transformar la memoria en un acto vivo. Dar ejemplo a las nuevas generaciones no es solo recordar, sino comprender, interpelar y actuar para que los hechos que marcaron a la humanidad no se repitan jamás.
Liliana Hermann encarna ese compromiso. Impulsora del legado de su tío abuelo Lothar Hermann, convirtió el silencio heredado en memoria activa y la memoria en acción. Desde la investigación, la conciencia histórica y la búsqueda de justicia, trabaja para inspirar a otros a involucrarse, convencida de que solo a través de una memoria consciente y compartida es posible construir un mundo más justo.



 A lo largo de esa búsqueda, Liliana atravesó un camino que la llevó, de algún modo, a transitar las mismas sombras que habían marcado la vida de Lothar, el silencio impuesto, el ocultamiento, las presiones, las negaciones y el desgaste de luchar contra verdades incómodas. Pero ese recorrido también se transformó en un aprendizaje profundo, que le permitió reconstruir no solo la historia de Lothar, sino la de toda una familia quebrada por la guerra, antes, durante y después de la Shoah.

En ese proceso, Liliana conoció de primera mano los testimonios de otros sobrevivientes, escuchó relatos transmitidos en voz baja durante décadas y se sentó a la mesa con quienes habían compartido el exilio, el miedo y la dignidad de la familia Hermann. Cada encuentro sumó una pieza, cada memoria recuperada reforzó la convicción de que aquello que había sido silenciado debía, finalmente, ser contado.

Historiadores de distintas partes del mundo reconocieron el valor de su trabajo y acompañaron su causa, sin imaginar hasta dónde llegaría esa determinación inquebrantable. Reconstruir los lazos familiares dispersos por el mundo fue una tarea ardua, pero Liliana lo logró contactar a su tia Silvia Hermann, haciendo posible que su padre, Luis María, pudiera hablar con ella por primera vez en su vida. Dos personas unidas por la sangre y separadas por más de ocho décadas de historia oculta pudieron, al fin, reconocerse.

Ese reencuentro abrió nuevas puertas. Liliana accedió a información clave sobre el esfuerzo titánico de su tío abuelo para denunciar a Adolf Eichmann y llevarlo ante la justicia, iluminando rincones de la historia que permanecían cerrados. Nada logró detenerla. Impulsada por la verdad y la memoria, continuó hasta reivindicar el nombre de su familia y devolverle a Lothar Hermann el lugar que le corresponde en la historia.


Archivos de todo el mundo recibieron sus pedidos, documentos emergieron en distintos idiomas y especialistas se sumaron con generosidad a una misión colectiva. Lo que había comenzado como una búsqueda personal se convirtió en un ejemplo de perseverancia y compromiso con la justicia, capaz de transformar el pasado en una enseñanza viva para las generaciones futuras.


Una verdad que volvió a la historia

El juicio a Adolf Eichmann no fue un proceso judicial más. Representó un antes y un después para la humanidad. Permitió que el mundo escuchara, por primera vez de manera pública y sistemática, la voz de los sobrevivientes del Holocausto, consolidó el principio de que los crímenes contra la humanidad no prescriben y dejó un mensaje indeleble para la sociedad mundial, no existe refugio posible para el genocidio ni para el olvido.
En ese entramado histórico, la figura de Lothar Hermann había quedado relegada durante décadas. Ciego, exiliado y sobreviviente del nazismo, fue él quien, desde Vicente Lopez y  Coronel Suárez, reconoció y denuncio a Eichmann, alertó a las autoridades alemanas e israelíes y sostuvo su denuncia aun frente a la indiferencia, el descrédito y el riesgo personal. Sin su valentía y su tenacidad, el juicio de Jerusalén no habría sido posible tal como el mundo lo conoció.
Durante la ceremonia de reconocimiento, el entonces embajador de Israel en la Argentina, Daniel Gazit, no solo restituyó oficialmente ese mérito a Lothar Hermann tras más de medio siglo de silencio, sino que destacó públicamente la valentía y la tenacidad de Liliana Hermann. En sus palabras, subrayó la continuidad de una herencia ética y moral, una “herencia sanguínea de actitudes de justicia”, que une al tío abuelo con su sobrina nieta en una misma línea de compromiso frente a la verdad y la memoria.
Ese reconocimiento institucional abrió además la posibilidad de revelar un hecho hasta entonces ausente en toda la literatura del caso Eichmann. Gracias al trabajo de Liliana Hermann, se supo que Lothar Hermann había sido reconocido en 1972 por la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir, por su rol fundamental en la identificación y denuncia del criminal nazi. Un dato conocido en su tiempo, pero que la historia eligió relegar al olvido.
El acto también fue escenario de una reparación largamente esperada. Estuvo presente Marcelo Castoriana, quien anunció, en nombre de las autoridades de Coronel Suárez, la restauración de la tumba de Lothar Hermann en el cementerio municipal. Una acción reclamada públicamente durante años por Liliana Hermann y Ariel Mereles, quienes señalaron que, tratándose de un caso de repercusión mundial y de un acto de justicia universal, honrar la memoria de Lothar no era solo un gesto institucional, sino un deber moral y social.
Lo ocurrido el 13 de agosto de 2012 confirmó que la historia no es un relato cerrado. Es un territorio vivo, susceptible de ser revisado cuando alguien se atreve a insistir.



La restauración de la tumba de Lothar Hermann, un acto de memoria y justicia


Ese silencio comenzó a romperse gracias al trabajo incansable de Liliana Hermann. A través de la investigación, la insistencia pública y el reclamo institucional, Liliana logró que la historia de su tío abuelo dejara de estar relegada y que su lugar de descanso final fuera reconocido como lo que realmente es: un sitio de memoria y de justicia.
La restauración de la tumba de Lothar Hermann no fue solo una obra material. Fue un acto profundamente simbólico. Significó reconocer que quienes se atrevieron a denunciar el horror, aun desde el exilio y la vulnerabilidad, merecen ser recordados con dignidad. Significó también asumir que la memoria no es solo un relato del pasado, sino una responsabilidad del presente.
En el marco del reconocimiento oficial realizado en 2012, el entonces embajador de Israel en la Argentina, Daniel Gazit, destacó no solo la figura de Lothar Hermann, sino también la valentía y la tenacidad de Liliana Hermann, subrayando una continuidad ética entre ambos: una herencia de compromiso con la justicia que atraviesa generaciones.
Ese mismo espíritu se vio reflejado cuando las autoridades de Coronel Suárez anunciaron la restauración de la tumba, respondiendo a un reclamo que Liliana Hermann y Ariel Mereles habían sostenido públicamente durante años. La decisión marcó un punto de reparación social, entendiendo que honrar a Lothar Hermann era también honrar los valores de verdad, coraje y responsabilidad colectiva.
El trabajo de Liliana Hermann demuestra que la historia puede ser revisada, que el olvido no es definitivo y que una sola voz, cuando persiste, puede transformar un espacio olvidado en un lugar de memoria activa. Restaurar una tumba fue, en este caso, restaurar una verdad.
Porque cuando la memoria encuentra quien la defienda, incluso el silencio más largo puede convertirse en justicia.
 


El Estado argentino homenajeó a Lothar Hermann y destacó el trabajo de Liliana Hermann en el Día Internacional del Holocausto

La decisión fue anunciada previamente por el entonces canciller argentino, Héctor Timerman, tras una conversación mantenida con Liliana Hermann. Luego de ese encuentro, el canciller le comunicó que el Estado argentino honraría a Lothar Hermann en una fecha de profundo significado internacional, vinculando su nombre a la memoria de las víctimas y a la lucha universal por la justicia.
Durante la ceremonia, Liliana Hermann fue invitada, por pedido del propio canciller, a encender una vela conmemorativa. El gesto tuvo un fuerte contenido simbólico, el encendido de la vela representa la vida frente a la muerte, la memoria frente al olvido y la responsabilidad de las nuevas generaciones de mantener viva la historia. En ese acto, la memoria dejó de ser abstracta para transformarse en un compromiso activo.
En el discurso el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, destaco el trabajo histórico de Liliana Hermann en relación con el Holocausto y la recuperación de la figura de Lothar Hermann. Sileoni, en representación de IHRA Capítulo Argentina, pronunció palabras especialmente inspiradoras, subrayando el valor educativo de la memoria y la importancia de quienes, desde el presente, revisan el pasado para fortalecer una sociedad más consciente y justa.
El acto contó con la presencia de autoridades del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, del Ministerio de Educación, del Ministerio de Relaciones Exteriores y de diversas organizaciones de la comunidad judía en la Argentina, consolidando el homenaje como una expresión institucional amplia y transversal.
El reconocimiento del Estado argentino no solo honró a Lothar Hermann por su coraje, sino que puso en valor el trabajo sostenido de Liliana Hermann, cuyo compromiso permitió que una historia silenciada durante décadas volviera a ocupar el lugar que le corresponde en la memoria colectiva.
 


 En Alemania, un acto de memoria devolvió nombres y dignidad a la familia Hermann

La iniciativa fue impulsada, la diputada del Bundestag Aleman , Gabrielle Weber  con la ayuda de Cosimo Jankowitsch y  por la nieta del alcalde de Wirges durante el período del régimen nazi, en un gesto de revisión histórica y responsabilidad intergeneracional. Fue precisamente durante aquella gestión municipal cuando miembros de la familia Hermann fueron deportados, un hecho que confiere al acto un valor simbólico adicional, el reconocimiento desde el propio entramado institucional de la época de una deuda con la memoria.
Las piedras fueron colocadas personalmente por el artista alemán Gunter Demnig, creador del proyecto Stolpersteine, una de las intervenciones de memoria más extendidas y reconocidas a nivel mundial. Cada placa, incrustada en el suelo urbano, devuelve nombre, identidad y presencia a quienes fueron arrancados de sus hogares por el terror nazi.
Liliana Hermann estuvo presente en la ceremonia, sumando este acto al trabajo sostenido que viene desarrollando para reconstruir la historia de su familia y devolverla al espacio público con dignidad. El recorrido por las calles donde sus ancestros echaron raíces transformó la memoria en una experiencia tangible, uniendo pasado y presente en un mismo lugar.
La colocación de estas Stolpersteine no fue solo un homenaje individual, sino una afirmación colectiva de que la historia puede y debe ser revisada. El acto en Wirges demostró que la memoria no pertenece solo a las víctimas y sus descendientes, sino también a las sociedades que deciden asumir su pasado y transformarlo en aprendizaje.
Con este gesto, el trabajo de Liliana Hermann continúa ampliando el mapa de la memoria, reafirmando que recordar es una forma activa de justicia y que incluso los silencios más largos pueden ser interpelados desde el presente.
 


          Volver al origen para construir memoria

Lejos de la frialdad del recuerdo histórico, Liliana encontró la calidez de una comunidad que no esquiva su pasado. Los habitantes de Quirnbach acompañaron ese regreso con respeto y cercanía, entendiendo que cada piedra, cada rincón y cada nombre forman parte de una historia que merece ser contada y transmitida.
Ese encuentro no fue solo un reencuentro familiar, sino también una confirmación del sentido del trabajo que Liliana Hermann lleva adelante, recuperar historias silenciadas, unir fragmentos dispersos por el exilio y transformar la memoria en una herramienta activa de conciencia y educación.
En Quirnbach, la historia dejó de ser un archivo y volvió a ser presencia. Cada paso fue un puente entre generaciones, un gesto de pertenencia y una reafirmación de que recordar es también una forma de resistencia.

        Cuando la historia se encuentra con la humanidad


En Berlín, ciudad atravesada por las huellas más profundas del siglo XX, Liliana Hermann vivió uno de los momentos más significativos de su recorrido personal y de su trabajo por la memoria. No fue una visita protocolar ni un gesto simbólico vacío, fue un encuentro profundamente humano, cargado de silencios, miradas, abrazos y una verdad difícil de nombrar.


Allí se produjo su encuentro con Ricardo Eichmann, hijo de Adolf Eichmann. Dos apellidos que la historia colocó en extremos. Dos trayectorias familiares marcadas por un pasado que ninguno de los dos eligieron. En ese espacio compartido no hubo acusaciones ni defensas, hubo humanidad. Ambos comprendieron algo esencial y muchas veces ignorado que las nuevas generaciones no son responsables de los crímenes del pasado, pero sí heredan sus consecuencias. Ambos, desde lugares muy distintos, fueron también víctimas de esa historia, víctim.as del horror, del estigma, del silencio y de las pérdidas irreparables

Este encuentro no borra la historia ni relativiza la justicia. Todo lo contrario, la reafirma. Porque la justicia no se construye desde el odio heredado, sino desde la conciencia, la verdad y la responsabilidad ética hacia el futuro. El diálogo entre Liliana y Ricardo se transformó en un acto de enorme valor simbólico para las nuevas generaciones, demuestra que es posible mirar de frente el pasado más oscuro sin repetirlo, y que la memoria puede ser un puente y no un abismo.
Ambos comprendieron que su aporte a los jóvenes no está en negar lo ocurrido, sino en advertir. En decir con claridad que el mal no nace de un día para otro, que se construye cuando el silencio, la deshumanización y la indiferencia ganan terreno. Su encuentro deja una enseñanza profunda, recordar no es quedar atrapado en el dolor, sino transformarlo en conciencia.

"El Héroe Olvidado: Un legado de memoria, verdad y justicia"

El Héroe Olvidado

Una historia real. Una memoria recuperada. Un acto de valentía que cambió la historia.

En esta apasionante novela histórica, el reconocido autor Alejandro Parisi reconstruye, con una prosa conmovedora y precisa, la increíble vida de Lothar Hermann, el hombre que, desde el anonimato, logró lo impensado: identificar en la Argentina al criminal nazi Adolf Eichmann y alertar al mundo de su paradero.
Ciego, perseguido, ignorado por años, Lothar enfrentó el peligro con una convicción férrea. Su lucha no fue por venganza, sino por justicia. Pagó un alto precio, pero su coraje permitió que uno de los máximos responsables del Holocausto enfrentara un juicio histórico y que millones de víctimas encontraran voz en los estrados del mundo.
Liliana Hermann, sobrina nieta de Lothar y principal impulsora del reconocimiento a su figura, recorrió durante años un camino de reconstrucción familiar, histórica y emocional, para dar luz a una historia que muchos quisieron silenciar. Gracias a su investigación incansable y su compromiso con la memoria, hoy Lothar Hermann ocupa el lugar que merece en la historia universal.
El Héroe Olvidado no es solo una novela, es un acto de justicia y memoria. Un homenaje a quienes lucharon contra el horror, y una invitación a las nuevas generaciones a nunca callar frente al odio.
Este libro forma parte esencial del trabajo educativo de la Fundación Lothar Hermann, que busca, a través de la historia, sembrar empatía, conciencia y compromiso en estudiantes y jóvenes, para construir juntos una sociedad más humana.


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11 de Mayo de 2025
Feria internacional del libro de Buenos aires

Con la sala colmada, la presentación fue conducida por el periodista, escritor y conductor Facundo Pastor, quien acompañó a los autores en una conversación intensa, clara y profundamente humana. Lejos de una simple presentación editorial, el encuentro se transformó en un verdadero acto de memoria colectiva. A lo largo del diálogo, Parisi y Hermann ofrecieron un primer y potente acercamiento al corazón del libro: la historia de Lothar Hermann, un hombre silenciado por décadas, cuya valentía y perseverancia resultaron decisivas para llevar a la justicia a Adolf Eichmann.
El público escuchó con atención el relato de una tarea titánica, realizada desde la vulnerabilidad, el exilio y la ceguera, pero también desde una convicción inquebrantable: la de no callar frente al horror. El héroe olvidado no solo reconstruye una investigación histórica rigurosa, sino que devuelve humanidad, contexto y sentido a una figura clave de la historia contemporánea que durante mucho tiempo permaneció en las sombras.
La presentación contó con la presencia de autoridades de Penguin Random House, casa editora del libro, así como de referentes institucionales y diplomáticos. Entre ellos, se destacó la participación de Fabiana Loguzzo, embajadora de la IHRA – Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, una organización intergubernamental que reúne a países comprometidos con la educación, la investigación y la conmemoración del Holocausto, y con la lucha contra el antisemitismo y toda forma de negacionismo. También acompañaron directivos del Museo del Holocausto de Buenos Aires y representantes de diversas organizaciones nacionales e internacionales vinculadas a la memoria y los derechos humanos.
Cada presencia reforzó el carácter histórico y educativo del encuentro. No se trató solo de celebrar un libro, sino de reafirmar un compromiso: el de seguir contando estas historias, interpelando a nuevas generaciones y construyendo puentes entre el pasado y el presente.
El héroe olvidado invita al lector a descubrir una verdad incómoda, necesaria y profundamente actual. Es una obra que conmueve, interpela y deja huella. Quienes estuvieron presentes el 11 de mayo fueron testigos de ese impacto. Quienes aún no lo leyeron, tienen en sus manos la oportunidad de acercarse a una historia real que merece ser conocida, compartida y preservada..

    29 de Mayo de 2025 

     Coronel Suarez

La participación de Delfina otorgó al encuentro una dimensión íntima y profundamente humana. Ella fue quien escribió, sin saberlo, muchas de las cartas que Lothar Hermann dictaba y enviaba en su incansable búsqueda de justicia. Escuchar su testimonio fue reencontrarse con la cotidianeidad silenciosa de una tarea histórica, realizada sin estridencias, pero con una valentía extraordinaria.
Coronel Suárez ocupa un lugar central en la vida de Lothar Hermann. Fue allí donde vivió gran parte de su historia en la Argentina, donde formó vínculos, trabajó y, desde un lugar de aparente anonimato, sostuvo una de las acciones más decisivas del siglo XX. Presentar El héroe olvidado en esta ciudad no fue casual: fue volver al origen, al territorio donde esa historia tomó forma y sentido.
El encuentro estuvo atravesado por la emoción, el respeto y la reflexión colectiva. Cada palabra reforzó la necesidad de seguir contando esta historia, de transmitirla a nuevas generaciones y de reconocer a un valiente judío alemán que, desde el exilio y la vulnerabilidad, eligió no callar frente al horror.

   6 de agosto de 2025

Museo de vicente Lopez

La actividad contó con la presencia de Liliana Hermann, Alejandro Parisi y Ariel Mereles, y con el acompañamiento institucional de Florencia Dávila, directora del Museo y Archivo de Vicente López, y Paolo Barbieri, director de la Secretaría General del municipio. Su participación reforzó el espíritu del programa Vecinos con historias, rescatar trayectorias personales que, al ser contadas, se transforman en patrimonio colectivo.
Vicente López ocupa un lugar central en la historia de Lothar Hermann. Fue allí, en el barrio de Olivos, donde identificó a Adolf Eichmann y donde comenzó, desde la discreción y el riesgo, una de las acciones más trascendentes del siglo XX. Enmarcar la presentación del libro en este programa municipal fue un gesto profundamente simbólico: Lothar Hermann no solo fue un protagonista de la historia mundial, también fue un vecino. Un hombre que caminó esas calles, que vivió entre otros vecinos, y que desde ese lugar eligió no mirar hacia otro lado.
Durante la presentación, El héroe olvidado volvió a desplegar su potencia narrativa y humana. Los autores compartieron el proceso de investigación y escritura, y reconstruyeron la figura de Lothar Hermann como lo que fue: un hombre común enfrentado a una situación extraordinaria, que actuó con coraje, perseverancia y una profunda convicción ética.
Uno de los momentos más conmovedores se dio al finalizar el encuentro, cuando vecinos y vecinas de Vicente López se acercaron espontáneamente a Liliana Hermann para compartir recuerdos, emociones y reflexiones. Algunos hablaron de la sorpresa de descubrir que esa historia había ocurrido tan cerca; otros, de la necesidad de que estas memorias sean contadas y transmitidas. Esos testimonios confirmaron el sentido más profundo del programa Vecinos con historias: generar identificación, empatía y conciencia histórica desde lo local.
La presentación en el Museo de Vicente López fue mucho más que un acto cultural. Fue un espacio de escucha, de encuentro y de memoria viva. Un recordatorio de que la historia también se construye desde los márgenes, desde el silencio, y desde personas que, como Lothar Hermann, eligieron la justicia aun cuando el mundo parecía no estar mirando.
El héroe olvidado invita a seguir ese camino: a conocer, a preguntar y a no olvidar. Porque cuando una comunidad reconoce su historia, se fortalece su identidad y se proyecta un futuro más consciente y humano


Proyectos de la fundación 

La Fundación Lothar Hermann nace con la misión de transformar la memoria en acción.
A través de programas educativos destinados a estudiantes de nivel secundario y superior, buscamos conectar a las nuevas generaciones con sus raíces familiares, con la historia, y con los valores que construyen una sociedad más empática, justa y consciente.

Nuestros proyectos promueven el reconocimiento de la identidad, el respeto por la diversidad cultural y la valoración de la memoria como herramienta para combatir el odio, el racismo y la indiferencia.

Creemos que conocer el pasado es esencial para construir un futuro mejor, y por eso impulsamos espacios de reflexión donde los jóvenes puedan apropiarse de su historia, entender su presente y ser protagonistas del cambio.

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